Santorin

Biomydrin y Missing Moon por

SANTORIN

SANTORIN PELLEGRINI

SANTORIN: EL CABALLO DE LEYENDA



Si existe un nombre que aparezca en la mente de cualquier persona y sea asociado a la hípica es el de SANTORIN; sí con mayúsculas pues el defensor de los colores del Stud Barlovento, que fuera de propiedad de don Augusto Maggiolo Cavenecia, es el símbolo de la hípica peruana por esa resonante y categórica victoria por 13 cuerpos en el Gran Premio Carlos Pellegrini de 1,973 donde derrotó a los mejores pura sangre de Sudamérica y ha sido, además, uno de los contados cuádruples coronados de nuestro turf.



Aquel 4 de noviembre de 1,973, Santorín, un zaino peruano hijo de Biomydrin y Missing Moon (Pechazo), nacido en el Haras La Cabaña de don Claudio Fernández Concha, inscribió su nombre en la historia cuando se impuso por 13 cuerpos de ventaja en el Gran Premio Carlos Pellegrini en el Hipódromo de Palermo (Argentina), la quinta carrera más importante del mundo.



Se llamaba Blue Prince



El 4 de agosto de 1,970 nació en el Haras La Cabaña un hermoso zaino producto del cruce del inglés Biomydrin (Ballymoss) y la argentina Missing Moon (Pechazo). Este potro fue bautizado como Blue Prince.



Biomydrin había llegado al Perú unos años antes luego de una destacada campaña en Europea. Había debutado en las 2,000 Guineas Inglesas y luego ganó el Ormonde Stakes (Gr.3), había llegado quinto en el Coronation Cup y segundo en la Copa de Oro (G.1) de Ascot.



Missing Moon, por su parte, era una tordilla que había sido importada de potranca para cumplir campaña en Lima para el Stud Panamericano, sumando 4 victorias y 5 placés en 21 actuaciones hasta los 5 años.



El pedigree y la conformación del potro cautivaron a don Augusto Maggiolo Cavenecia, destacado turfman y dueño Stud Barlovento, quien lo adquirió en remate público en la suma de 310,000 soles de ese entonces.



El nuevo nombre



Maggiolo era una persona de “mundo” y cuando en uno de sus viajes conoció Grecia y la la bella isla llamada Santorín, ubicada en el Mediterraneo Oriental, no dudo en bautizar con ese nombre al que sería el caballo peruano más famoso de todos los tiempos. Su campaña Santorín, cuyo entrenamiento corrió a manos del experimentado preparador chileno Juan Suárez, padre del actual líder de la estadística de las últimas décadas, debutó el 8 de abril de 1,973 en medio de gran expectativa. El había realizado ejercicios como para ganar al primer intento. Aquella quedó segundo de Beckenbahuer en el Premio Competencia, una condicional para 2 años, no ganadores. En la silla del pupilo del Stud Barlovento había estado José Valdivia, a quien la prensa criticó por haber lanzado algo tarde a su conducido.



El debut animó a inscribirlo a las dos semanas, el 22 de abril, en el Clásico Altanero, sobre 1,300 metros. Siendo favorito, Santorín quedó cuarto a menos de cuatro cuerpos del potrillo Anónimo. En su silla estaba ahora Juan Picón, quien desde ahí lo empezaría a guiar por la senda del triunfo.



El 13 de mayo Santorín fue anotado en los 1,400 metros del Clásico Carlos II Watson y se cobraría la revancha con Anónimo. Lo ganó por 2 1/4 cuerpos y en la buena marca de 1’25”. Desde ahí, el zaino empezaría a ser visto como un campeón.



El 3 de junio ganó los 1,500 metros del Clásico Augusto N. Wiese, carrera que iba a definir al campeón de la generación y que era el anticipo perfecto de la cuádruple corona. Santorín venció por 1 cuerpo a Charmant en otro gran reistro: 1’31”2/5.



El 15 de julio repitió su triunfo en el Clásico Fuerza Aérea del Perú, sobre 1,600 metros. Con su ya característica atropellada superó a Charmant por 3 3/4 cuerpos en el magnífico registro de 1’37”2/5.



Así, llegó con el amplio favoritismo al Clásico Polla de Potrillos, sobre la milla, el 12 de agosto. Nuevamente respondió el zaino aventajando a Parnassus por 2 1/2 cuerpos, marcando el excelente registro de 1’36”2/5.



El siguiente paso era la segunda corona, pero el 26 de agosto se iba a disputar el Clásico Bodas de Plata de la Asociación de Propietarios de Caballos de Carrera del Perú, sobre 1,800 metros, carrera que tuvo una bolsa considerable lo que animó al alto comando de su stud a anotarlo. Lamentablemente, Santorín no se mostró ligero y, partiendo de uno, tuvo que ser sujetado más de la cuenta por Juan Picón, quedando rezagado por lo que complicó en su atropellada arribando tercero, pero solo a 1 1/2 cuerpos de Vadim.



La revancha llegaría el 9 de setiembre, con motivo del Clásico Ricardo Ortiz de Zevallos y sus 2,000 metros. Santorín volvió a ser el mismo caballo de siempre –ahora montado por Arturo Morales, quien reemplazó a Picón– y ganaría por 14 1/2 cuerpos a Fiuggi, en el gran registro de 2’03” para la distancia.



Por ello, su favoritismo la tarde del Derby Nacional no sorprendió a nadie y ese 14 de octubre de 1,973, Santorín volvía a ganar entre aplausos la carrera más importante del calendario hípico nacional, estableciendo –nuevamente– 14 1/2 cuerpos de separación sobre Charmant, marcando 2’30” para la distancia.



Tras ello, llegó su viaje a la República Argentina para el Gran Premio Carlos Pellegrini que resolvió por amplio margen coronándose como el mejor caballo sudamericano.



La gran carrera



Toda gran historia tiene su lado poco conocido y es que Santorín casi es retirado de la gran carrera debido a que perdió un herraje cuando realizaba el paseo frente a las tribunas. Por suerte se dieron cuenta del detalle y pudieron cambiarlo. Fue el último en llegar al partidor.



La largada, dada más allá de las siete de la noche, se tuvo que correr con luz artificial y mostró a la yegua argentina Bola de Cristal en la punta del lote. Sin embargo, el peruano Tenaz le puso presión. Luego correrían los locales Iram, Valderrey, Straitly y Santorín.



Al pasar por primera vez la meta, Bola de Cristal se había desprendido un cuerpo sobre Iram. Luego Tenaz, Valderrey, el uruguayo Otoñal y Straitly. Santorín quedaba octavo, pegado a los palos.



Palermo vivía una fiesta ese 4 de noviembre de 1973. En los últimos 1,600 metros, Bola de Cristal se mantenía en la punta, pero el uruguayo Otoñal ya se había colocado en el segundo puesto. Tenaz, pese a la merma, estaba tercero dando muestras de coraje. Luego Valderrey y Santorín. El favorito Moraes Tinto empieza a avanzar lentamente.



A falta de 1,000 metros, la carrera varió y el ánimo empezó a subir. Bola de Cristal mantenía el primer puesto, pero Tenaz hizo un último esfuerzo y empezó a presentarle batalla. Santorín, ya por fuera, estaba tercero, listo para atropellar. Otoñal estaba encima y del fondo aparece lentamente Moraes Tinto.



En los últimos 800, Tenaz va dominando a la tordilla Bola de Cristal y Santorín está prácticamente encima, pero sin mayor exigencia de parte de Arturo Morales. A su lado estaba Mucho Sol y luego Moraes Tinto.



En los 300 finales, Santorín ya había quebrado a sus rivales e inicia un rush demoledor que hasta la fecha no había tenido antecedentes en la máxima carrera.



Así, sin rivales, Santorín marca uno de los triunfos más espectaculares que la hípica peruana recuerde en toda su historia. Fueron 13 cuerpos de ventaja que estableció sobre el argentino Good Bloke, que atropelló en medio de la oscuridad para ser el segundo, delante de su compatriota El Botija. Los locales Tulieres y Morales Tinto empataron el cuarto puesto.



Santorín había parados los cronos en 3’08”, aunque los peruanos que tomaron el tiempo registraron 3’06”3/5. En las apuestas tenía 47,395 boletos de los 1’591,280 que se jugaron ese día.



Todo el Perú se paralizó con la transmisión que el afamado presentador de televisión, Augusto Ferrando, hizo por radio. Nunca antes un país había coreado tanto un triunfo hípico y desde ahí el nombre de Santorín quedaría registrado como una de las grandes hazañas del elevage nacional.



El regreso, su campaña en USA y el retiro



Santorín retornó como un ídolo al Perú. El 30 de diciembre de aquel año volvió a apabullar rivales y le ganó por 5 3/4 cuerpos a Let It Be en el Gran Premio Nacional y se convirtió en el primer caballo en ganar las cuatro coronas del turf peruano.



Surgió entonces la idea de llevarlo a Estados Unidos, la principal hípica del mundo. Llegó a Miami a inicios de 1,974 con la posibilidad de correr el Pan American Handicap, pero el caballo no pudo estar listo a tiempo y recién quedó a punto el 23 de marzo para correr los 2,000 metros del Widner Handicap, enfrentando nada menos que a Forego, por entonces el mejor caballo de los Estados Unidos.



Santorín quedó sexto (penúltimo) a varios cuerpos del vencedor, desilusionando a la afición peruana que estaba expectante por conocer las noticias del debut del zaino en pistas estadounidenses, pero el crack del Barlovento pudo recuperarse y unas semanas después fue anotado para correr el Hialeah Turf Cup, sobre 2,400 metros en la pista de césped de Hialeah. Montado por Fernando Toro, el hijo de Biomydrin desarrolló una gran actuación y quedó tercero, muy cerca, de Big Whippendeal, que marcó 2’26”05 para la distancia.



Santorín había rematado cuarto pero tuvo contratiempos de parte de Buffalo Lark, que a la postre fue distanciado del segundo al cuarto puesto.



Luego fue llevado a Nueva York con la posibilidad de enfrentar a los mejores caballos de la cancha. Lamentablemente se lesionó entrenando y tuvo que ser retirado de manera definitiva.



Galeno su mejor descendiente



El campeón llegó a Lima de regreso y fue llevado al criadero donde no produjo lo que se esperaba. Sin embargo, uno de sus hijos sí pudo dejar en alto su nombre. Galeno ganó el Derby Nacional de 1,984 y tres años después se llevó los honores del Gran Premio Asociación Latinoamericana de Jockeys Clubes, una de las más importantes pruebas del calendario sudamericano, disputada en el Hipódromo de Monterrico.



Santorín dejó de existir el 19 de diciembre de 1993 y sus restos reposan ahora en las instalaciones del Haras Barlovento, en Conchán, al sur de Lima, con un epitafio que dice: “Di todo por mi dueño y juntos compartimos la gloria”.



Fuente: A Mis Amigos Los Caballos (Robalca).